Guatemala |
03/08/2018

El Estado y sus obligaciones: Ileana Alamilla

Los Estados son los primeros llamados a promover cambios y a generar espacios de discusión, análisis y reflexión para reconocer las diferencias, las desigualdades y luego asumir los compromisos para transformar esos escenarios que no pueden evolucionar sólo con el esfuerzo de la sociedad civil; se requiere por lo tanto, cambios institucionales y legislativos, destacó Ileana Alamilla, durante su participación en el II Encuentro Mesoamericano de Estudios de Género y Feminismos, realizado en la Ciudad de Guatemala los días 4, 5 y 5 de mayo de 2011.

En su ponencia: “Nosotras también existimos”, Alamilla señaló que el primer paso es conocer y reconocer que hay relaciones desiguales e injustas, empoderarse o apropiarse en la esfera pública y en la privada de los conceptos, revalorizar el papel de hombres y mujeres en la sociedad, tomar conciencia e involucrarse con honestidad y decisión son factores claves para alcanzar la meta.

Asimismo, hizo énfasis en que las mujeres tienen poco acceso a una serie de satisfactores, bienes y servicios debido a situaciones estructurales, históricas y legales; el sistema legal se confabula para mantenerlas en la marginalidad; la discriminación de hecho es la que prevalece, aunque la norma generalice; hay poca sensibilización hacia las condiciones de inequidad en la que las mujeres deben ejercer sus derechos y su ciudadanía, dijo.

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Alamilla recordó que el Acuerdo sobre Aspectos Socioeconómicos y Situación Agraria contempla en el literal B la participación de las mujeres en el desarrollo económico y social, reconoce que su participación activa es imprescindible para alcanzar dicho desarrollo y establece como obligación del Estado la promoción de la eliminación de toda forma de discriminación en su contra.

Las mujeres indígenas son las que presentan mayores niveles de exclusión, según datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y quienes tienen menores índices de desarrollo humano; solamente un 25 por ciento de mujeres forma parte del 10 por ciento de personas con mayor ingreso, pero hay un 75 por ciento de mujeres en el porcentaje de personas con menor ingreso.

La directora de CERIGUA subrayó que en el empleo urbano las mujeres en Guatemala necesitan seis años más de educación formal que los hombres para tener el mismo ingreso por el mismo trabajo. En el empleo rural asalariado, el número de mujeres es casi dos veces mayor que el de hombres debido a que tienen menores oportunidades de acceso que los hombres a la propiedad de la tierra y a los recursos tecnológicos y financieros, entre otros.

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En su opinión, la institucionalidad del Estado debe adecuarse a la realidad para que la administración de justicia no trate igual a los desiguales, que efectivamente contribuya a la búsqueda de la equidad.

“De nada sirve el derecho que no es efectivamente practicado y respetado. A las mujeres les son totalmente ajenas las normativas que les permiten, teóricamente, realizar las mismas actividades contractuales que a los hombres si no tienen condiciones reales y efectivas para hacerlas realidad”, dijo.

Finalmente, Alamilla señaló que la democracia paritaria, como forma de equilibrio de representación y de toma de decisiones entre mujeres y hombres, es la concreción de luchas y aspiraciones.
Fin Cerigua
Ld-Ld

Última modificación: 3 de agosto de 2018 a las 17:00
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