Guatemala |
02/08/2018

Periodismo nacional: urgen medidas de seguridad

Han transcurrido casi veintidós años desde la firma de la paz en Guatemala y aunque ha habido avances durante este tiempo, la criminalidad prevalece por distintos fenómenos, la persecución y criminalización de dirigentes sociales se mantiene, así como la violencia generada por la narcoactividad y otros poderes ocultos, muchos de ellos enquistados dentro del mismo Estado.

Durante los últimos años el contexto de inseguridad para la prensa guatemalteca ha sido complejo; se reportaron numerosos ataques en contra de periodistas y medios de comunicación, por distintas vías, incluido el ámbito digital; solo en 2016, nueve comunicadores sociales fallecieron de forma violenta, la mayoría en los departamentos.

En 2017 la cifra de agresiones disminuyó en comparación con los últimos dos periodos, no obstante continuaron ocurriendo hechos alarmantes de violencia y amenazas de muerte; en enero de ese año un periodista fue asesinado en Zacapa, el segundo crimen ocurrido en el último sexenio, y aunque existen avances en las pesquisas, solo uno de los supuestos responsables ha sido capturado.

Continuaron además los ataques en redes sociales y supuestas páginas de noticias en contra de medios y profesionales de la comunicación que investigaban sobre temas delicados como actos de corrupción y emitían críticas en contra de actores políticos. Dicha situación se agravó en agosto, cuando el presidente Jimmy Morales intentó expulsar del país a Iván Velásquez, jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG).

Los ataques online provenían la mayoría de las ocasiones de perfiles falsos, tanto en Facebook y Twitter, los cuales tenían pocos amigos, escasas publicaciones y ninguno o pocos seguidores; en páginas web como “Soy502Max” y “Conciencia Guatemala” también se publican “notas informativas” para desprestigiar y atacar a periodistas; esta última página desapareció en los primeros meses del 2018.

En el primer trimestre de este año, aunque el número de violaciones contra la prensa decreció, dos comunicadores sociales fueron asesinados en dos hechos distintos en los departamentos de Suchitepéquez y Alta Verapaz. CERIGUA, junto a 16 entidades de prensa, nacionales y departamentales, ha exigido desde el 2012 que el Estado implemente un Programa de Protección a Periodistas, sin embargo, por distintas circunstancias, principalmente por falta de voluntad en el Ejecutivo, no se ha concretado.

El periodismo departamental, de alto riesgo

Ángel Martín Tax, un periodista con 26 años de ejercicio periodístico en Cobán, Alta Verapaz (219 kms. al norte de la ciudad capital) dijo a CERIGUA que su interés por la comunicación surgió por el deseo de dar un servicio a la humanidad, al trasladar información apegada a la realidad.

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Sin embargo, también mencionó que este tipo de periodismo conlleva riesgos para la vida, los que se acentuaron durante el auge del narcotráfico en Cobán, hace unos años.

Tax comentó que una debilidad del ejercicio periodístico en los departamentos de Guatemala es que el comunicador hace de todo: si es para prensa escrita toma fotografías, recaba la información, la redacta y la envía a los editores del medio; igual para radio o televisión, donde además muchas veces se exige que no haya cámaras.

No se tienen facilidades al igual que en la capital, donde se cuenta con la ventaja de que hay un chofer, hay un vehículo a disposición, un redactor, un fotógrafo; además, en los departamentos las publicaciones salen con el nombre de quien escribió la nota; esto ha provocado inseguridad, porque cualquiera conoce dónde vive el periodista que traslada información.

Sin embargo en la capital es diferente; se desconoce quién fue el periodista que trabajó tal o cual nota.

Tax recordó que durante los años que lleva dedicado a esta profesión ha recibido al menos 14 amenazas de muerte; la última agresión que sufrió fue el 29 de abril de 2016, cuando desconocidos ingresaron a su residencia y se llevaron su equipo de cómputo con valiosos archivos periodísticos, así como su cámara fotográfica; lamentablemente hasta la fecha no hay resultados de las investigaciones, indicó.

Ángel Martín Tax valora el trabajo realizado y cree que ha podido dar valiosos aportes a la población, a través del periodismo, como el hecho de haber creado conciencia en la población para evitar los linchamientos; también ha incentivado a la población a proteger el medio ambiente; hace 18 años convocó a la población de Cobán para que en lugar de quemar basura el 7 de diciembre, como se acostumbra en muchos lugares del país con la denominada “Quema del Diablo”, se encendieran veladoras en las gradas del templo El Calvario.

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Esta acción ha ido tomando mucha relevancia, tanto a nivel nacional como internacional, por lo que además, todos los años que se ha hecho se promueve la paz. “Tratamos que se vea al periodista como un elemento pacificador”, subrayó.

Tax dijo que ha tenido momentos muy difíciles, como cuando le daban 24 horas para que abandonara Cobán; de lo contrario su cadáver aparecería en Totonicapán, de donde es originario; esta fue una de las amenazas más recientes; pero una de las más difíciles fue cuando mataron a su amigo, el periodista Eduardo Maas Bol, el 10 de septiembre de 2006, porque en esa ocasión recibió varias llamadas telefónicas, en las que con palabras soeces le decían que él sería el siguiente.

Su mensaje a las nuevas generaciones de periodistas

“Primero, se debe tener vocación, pasión y devoción. Hablar siempre con la verdad y tener fuentes confiables. Se debe ser muy prudentes durante las coberturas y tener mecanismos de seguridad personal. En algunas coberturas peligrosas se debe buscar la manera de ir acompañado y, de ser posible, conocer el idioma de las personas”.

Un periodismo social y de investigación

Mariela Castañón es una periodista delgada y de baja estatura, pero con grandes cualidades y calidades como ser humano, que han llevado a ejercer un periodismo diferente, que aporta a la sociedad y al país.

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Con al menos nueve años de ejercicio periodístico profesional, Mariela Castañón ha estado la mayor parte de ese tiempo en el vespertino La Hora, donde comenzó dando cobertura a nota roja.

En ese entonces una novel comunicadora, soñaba con hacer un periodismo diferente y podía empezar cambiando la forma en que se trabajaba la nota roja; “Ahí se conjugan muchos factores: personas, víctimas de la violencia, supuestos victimarios que también tienen una historia, las razones que los llevaron a ser así; siempre me gustó: cuestiones muy emocionantes de qué pasó, qué va a pasar”, indicó.

Esa fue para Castañón, una plataforma que la llevó a profundizar en la calidad y hacer periodismo de investigación, con muchos retos y mayores riesgos y amplía: “siempre que sucede algo solo vemos lo que sucede, lo que aparenta ser, pero atrás de cada historia y cada situación hay más; mi intención era llegar más allá; lo veía también como una obligación”.

De ahí también proviene una sensación gratificante de poder aportar algo al país; algo que posiblemente no se quiere investigar o no se quiere descubrir, porque muchas veces el periodista se detiene ante el temor o la duda de lo que pueda pasar con él, como periodista, como persona.

Muchas veces también hay frustración, porque a pesar de que se presenta un reportaje que constituye una denuncia y se reitera, no se avanza mucho, pero queda en uno esa satisfacción de que se está haciendo un trabajo comprometido que va ayudar a este país a avanzar en muchos aspectos, agregó.

Mariela Castañón ha sufrido amenazas directas, muchas veces de los propios funcionarios que con tono amenazante cuestionan por qué se hizo tal cosa; en otras se utilizan diferentes mecanismos, como enviar mensajes a través de terceros.

Sobre su seguridad personal, Castañón valoró profundamente el respaldo que ha tenido de sus jefes en La Hora, en todo momento, cuando han visto algo extraño, siempre se han buscado alternativas para que no le pase nada; pero además ha contado con el apoyo de la Policía Nacional Civil (PNC).

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La periodista recordó que la PNC le prestó seguridad el año pasado, a raíz de sus publicaciones sobre lo que acontecía en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, donde murieron quemadas 40 niñas, luego que un día antes intentaran escapar, cansadas de tanto sufrimiento y violencia en el lugar; en esa ocasión, Castañón recibió seguridad policial.

“El Procurador de los Derechos Humanos (PDH) siempre ha tenido la disposición de apoyarnos”; personal de esa institución siempre le ha ofrecido ayuda, así como la posibilidad de coordinar alguna acción inmediata, dijo.

Al ser consultada sobre si los riesgos son mayores para una mujer periodista, Mariela Castañón fue tajante en responder que sí: “Siempre lo van a ser, porque el nivel de violencia sexual es muy alto en el país; el riesgo de que una mujer periodista sea violada en una cárcel o que en una cobertura sea objeto de comentarios groseros, es permanente”.

Su mensaje a las nuevas generaciones de periodistas

“Es necesario analizar la razón por la que se quiere estudiar periodismo. A partir de ahí plantearse otras preguntas: ¿hasta dónde queremos llegar? ¿Qué queremos aportar a este país? El trabajo de un periodista comprometido puede dar muchísimo a un país como este, donde persiste la corrupción, donde hay violencia en todos los sentidos. Nosotros, los periodistas, podemos dar una mirada diferente de lo que pasa y aportar mucho con un trabajo comprometido, a través de investigaciones y cambios de vida para las personas”.
Fin Cerigua
Ld-Ld

Última modificación: 2 de agosto de 2018 a las 18:15
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